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Rueda Solar

Todo el poder del plano energético está resumido en este centro de fuerza. Verdadero sol del sistema humano y personal de cada uno de los seres vivientes, atrae y repele continua e irresistiblemente.
Por este centro el hombre crece y se hace fuerte; anhela, lucha y conquista, y por este centro decrece la voluntad y la fuerza; con él va el poder y la destrucción. Cuando crea y construye, este poder brilla y emana de los ojos; cuando decrece y destruye es eliminado por el ano; cuando se asienta y concentra, para tomar nueva fuerza, lo hace en los codos.
Su forma característica es el triángulo; este oscila según el movimiento del poder expresado.
Con esta rueda luminífera va la luz y el calor, las variantes formas, la expresión múltiple de las cosas creadas y el fuego, el divino Agni que todo destruye, para que la naturaleza y la forma sean renovadas continuamente.
Marte es el planeta que influye y el animal simbólico de este signo es un oscuro carnero, o un fuerte león.
Pero lo más maravilloso de esta rueda son sus variantes colores: cuando reposa es roja, terriblemente roja; únicamente en el ser que ha eliminado toda pasión es completamente verde; cuando se pone en movimiento, sus diez pétalos se funden entre sí y dan la ilusión que es alternativamente roja y verde. Pero cuando crea o construye, el rojo se hace más intenso, como si fuera sangre viva y el verde, más brillante, como un campo inundado por los rayos del sol.
Cuando destruye, esta rueda es terrible; su color se vuelve ceniciento, como el cielo cuando está cubierto por espesas nubes; y cuanto más rápidamente gira, más oscura se torna, y es surcada por relámpagos brillantes.
De este color se vuelve esta rueda, poco antes de la muerte del hombre.
Las tres ruedas descriptas, relativamente, corresponden a las partes densas del ser y a los planos cósmicos: Físico, Astral y Energético.

MANIPURA [Tomado del ZATACHAKRA NIRUPANA]

Versículo 19°

Encima de la Rueda Control, en la raíz del ombligo, está la brillante Rueda de Diez Pétalos, del color de cargadas nubes. Dentro de ella, la Rueda Solar, están las letras de Da a Pha del color del loto azul, con el punto y signo del sonido sobre ellas. Meditad allí sobre la región del Fuego, de forma triangular y brillante como el sol al salir. Fuera de la región del Fuego están las tres marcas de la cruz en movimiento, de la expansión, del fuego y de la buena salud, y dentro de la región del Fuego está la misma semilla del calor.

Comentario

Esta rueda, que nace en la raíz del ombligo, es la que corresponde al plexo solar.
Este lotus tiene diez pétalos, un número perfecto, porque es una imagen de la Rueda Coronaria, de mil pétalos; un pequeño cerebro en miniatura.
Su color es de cargadas nubes, porque el poder hace ser temerario, iracundo y dominante.Las letras que están estampadas sobre los pétalos del lotus, son del color del loto azul, color del cielo, porque con el dominio y esfuerzo voluntario, aquél que sabe usar el poder, transforma la temeridad en prudencia, la ira en fortaleza y el dominio despótico en un reinado pacifico. El punto y signo del sonido, Nāda y Bindu, afirman el poder consagrado de cada una de las letras.
Las silabas de vocalización que adornan los pétalos de Manipura, que es el nombre de este lotus, son: Da y Dha, Na y Ta, Tha y Da, Dha y Na, Pa y Pha
La región del Fuego es triangular, de color rojo brillante y, sobre cada uno de los vértices, lleva una maza que en conjunto forma el signo de la svástica, imagen de la fuerza en movimiento. Este triángulo oscila según el movimiento del poder expresado.
En esta rueda luminífera va la luz y el calor, las variantes formas, la expresión múltiple de las cosas creadas y la imagen del Fuego, el divino Agni, con su hijo Rudra en los brazos. Rudra es el que todo destruye, para que la naturaleza y las formas sean renovadas continuamente.

Versículo 20°

Meditad sobre Él, el Dios del Fuego, sentado sobre un carnero, con cuatro brazos y radiante como el sol naciente. En su regazo, que es de color bermellón puro, el Dios de la destrucción mora siempre. El Dios de la destrucción es blanco por las cenizas que a Él cubren, con aspecto antiguo y con tres ojos. Sus manos están en actitud del que otorga favores y disipa el temor. Él es el destructor de la creación.

Comentario

El texto transforma aquí al centro del Fuego en un Dios de color bermellón que está sentado sobre un carnero. En su regazo está sentado Rudra, que es el Dios Siva en su aspecto destructor. Rudra es blanco, color ceniza, porque este Dios, cuando no tiene qué destruir, se destruye a sí mismo. Del fuego, de la fuerza y de su regazo sale todo poder; pero el poder, si no se transmuta, se convierte en destructor.
Las palabras'con aspecto antiguo' tienen un profundo significado, pues indican que la destrucción es tan eterna y tan antigua como la misma creación.
Los tres ojos son el poder de jerarquía, concentración y videncia que no sólo posee el místico bueno y santo, sino también el malo, el mago negro y el destructor.

Versículo 21°

Aquí mora la Diosa Lākīni, benefactora de todo. Tiene cuatro brazos y cuerpo radiante, de tez morena, vestida con atavíos amarillos, ornada de diversos adornos y exaltada con el beber ambrosía. Meditando sobre esta Rueda del ombligo se adquiere el poder de crear y de destruir. El Elemento del Fuego, con toda la riqueza del conocimiento, siempre mora en la rueda de su faz.

Comentario

Lākīni, el aspecto femenino de este centro, la Diosa de tez morena y atavíos amarillos, es, sin embargo, de cuerpo radiante porque el variante poder humano tiene también la belleza de lo divino, aún en su aspecto destructor.
Dice el Cantar de los Cantares: 'Nigra sum, sed formosa, filiae Jerusalem, ideo delexit me rex'. Aunque negra, soy hermosa, oh hijas de Jerusalén, después que el Sol me miró.
Lākīni es benefactora de todos los hombres, pues por este centro el hombre crece y se hace fuerte, anhela lucha y conquista; y por este centro decrece la voluntad y la fuerza.
Cuando crea y construye, éste su poder brilla y emana de los ojos; cuando decrece y destruye, es eliminado por el ano; cuando se asienta y concentra para tomar nuevas fuerzas, lo hace en los codos.
Con este centro bien desarrollado, los profetas traen los discípulos en pos de sí y los dirigentes arrastran a las multitudes. Es como una llamarada de fuego que, saliendo de un solo hombre, quema a todo lo que le rodea.
Este poder crea o destruye.
Las tres ruedas descritas, Mūlādhāra, Svādhishtāna y Manipura corresponden en el Hombre a los cuerpos más densos, y en el plano cósmico, a los mundos físico, astral y energético.
El plano cósmico físico abarca un poco más allá del espectro astral de la Tierra y se extiende hasta 80 kilómetros aproximadamente, a la superficie terrestre.
El plano cósmico astral se extiende hasta la fotosfera del sol.
El plano cósmico energético abarca toda la magnitud del sistema solar visible.